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EL PUENTE

Aunque queríamos haber descansado un día más en Kaoh Neah, la mugre de la última guest house del pueblo nos invitó a salir corriendo y, a pesar de que estábamos derrengadas, aceptamos su invitación y a las 6:00 estábamos en carretera con ánimo y con el objetivo de dormir en Lumphat.

Anoche oímos bastante lluvia y nos preguntábamos cómo afectaría al camino. En principio nos habían dicho que un poco de lluvia era bueno, ya que apelmazaba la tierra de la carretera y hacia que fuese menos polvorienta. Enseguida vimos que había sido algo más que “un poco” porque los primeros charcos empezaron a aparecer… los charcos se fueron transformando en auténticos barrizales por los que muchas veces teníamos que pasar andando. Pingando de barro hasta la cintura, conseguimos pasar lo que parecía la peor parte de la etapa. Menos mal que el sol iba haciendo su trabajo y, además de cocernos las cabezas, secaba el suelo haciéndolo cada vez más transitable.

Ya eran casi las 8:00 cuando vimos un atasco en la lejanía: sorprendente, casi no nos habíamos cruzado con nadie en el camino. Al acercarnos vimos que esperaban en cola frente al río. Nuestra cabeza rápidamente interpretó que el puente era pequeño y deberíamos ir de uno en uno…nos acercamos más y… ¡No hay puente! solo se veía una pequeña parte de él y era la parte del medio, el resto… ¡estaba inundado! Y si el puente estaba roto… ¿a qué esperaba la gente?
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Un amable señor nos explicó que, como bien habíamos percibido, anoche llovió mucho y la presa (que está en Vietnam) había liberado mucha agua inundando el ÚNICO paso entre Mondulkiri y Ratanakiri. Nos explicó también que él calculaba que había que esperar unas seis horas hasta que el caudal volviese a la normalidad y se pudiera cruzar.

Todo el mundo parecía tranquilo. Comenzaba la espera; la gente sacaba esteras y se sentaba a descansar, unos dormían, otros desplegaban picnics y charloteaban animadamente, algunos aprovechaban para pescar utilizando diversos aparejos. Los niños cogían renacuajos o camarones de río (si es que esto existe) en botes de plástico, otros se bañaban y bañaban a sus hijos… nosotras comimos mangos que nos regaló una señora muy maja que María había conocido en uno de los paseos arriba y abajo que hacíamos para ver si nos enterábamos de cómo avanzaba la cosa.
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Después de tres horas, el agua había bajado un poco, así que los hombres se pusieron a reparar el puente. En el río, con los pantalones remangados, movían troncos y ramitas sin un orden comprensible para nosotras pero con aparente conocimiento.

Dos horas más tarde se podía ver claramente la parte que conectaba el puente con nuestra orilla, eran simplemente unas rocas… antes no lo teníamos claro, pero ahora empezaba a verse la oportunidad real de cruzar, aunque todavía había mucha profundidad y la corriente era muy fuerte en la parte que iba desde el puente hasta la orilla contraria…
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Una hora más tarde las motos pudieron comenzar a cruzar ¿Cómo? Cargadas a hombros de jóvenes y mayores que, por un módico precio, ayudaban a los motoristas a portear las motos, los bultos y las familias. Ahí fuimos nosotras también. Cruzamos con el agua casi por la cadera. Ya eran las dos de la tarde… un poco desesperadas por la hora, por el calor, y porque no parecía que fuese a haber pueblos cerca para repostar adecuadamente, reemprendimos el camino.
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Pedaleamos y pedaleamos; durante un buen rato no nos adelantó ningún coche ni ninguna minivan, debían de seguir esperando a que bajase el agua.

De repente, la bici de Berta empezó a ir muy lenta; ella decía que estaba cansada, pero que también oía un ruidito. Efectivamente, era el portaequipajes otra vez, había perdido un tornillo y rozaba con la rueda. Tiradas en el suelo, llenas de barro y ahora de polvo también, sudando como puerquitas, sacamos nuestro lado más Mc Gyver y recuperamos un tornillo de otro aparato… ¡funcionó!

¡Aleluya! Seguimos camino. Ni un pueblo a la vista, la lista que nos proporcionó Somnang en este tramo estaba fallando, en este tramo deberíamos haber pasado dos… ¿dónde estaban?

Poco tiempo después comenzaron a pasarnos coches, estábamos agotadas. Empezó la conversación sobre minivan sí o minivan no en el hipotético caso de que pasase una… Pasó una ¡minivan sí! la paramos. Vaya, era una familia, pero bueno, parecía que nos querían llevar. Nos pidieron una pasta, regateo, seguía siendo una pasta pero, ante la posibilidad de que se nos hiciese de noche en el camino, accedimos; eso sí, que nos llevasen a Banlung, no a Lumphat, que ahora sabíamos que no tiene guest house.

Llegados al cruce de salida de la selva, en la bifurcación Stung Tren- Banlung, la familia nos dijo que hasta aquí habíamos llegado… ¿¿¿perdona??? ¡¡Quedaban doce kilómetros!! Esto nos pasó por montarnos con cualquiera, que los conductores de minivan son muy ladrones, pero tienen palabra. Tremendo cabreo ¡qué falta de profesionalidad!

Nos sentamos en un café y nos comimos una sopita que era lo único que había… caliente y picante, justo lo que nos apetecía.

No se sabía qué era más grande, si las cuestas o las pocas ganas de subirlas. De muy mal café hicimos los doce kilómetros en la hora más larga que hemos pedaleado hasta ahora.

Llegamos a Banlung, buscamos la guest house más limpia y nos dormimos viendo la tele por cable…echaban Shrek 3 en inglés…aaaaaayyyyy…perfecto.

Date: April 18 Skills: ON WHEELS, the route

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